Todos los pueblos tienen viejas costumbres. Las fiestas, la comida típica, los bailes y la música, representan la manera particular de ver el mundo de cada lugar, y se vuelve en muchos casos la mejor manera de penetrar una cultura. Este es el caso de los Castellers catalanes, una tradición que se celebra desde 1850, a la que se le ha construido el Monumento als Castellers en Plaça de Sant Miquel, atrás del edificio del ayuntamiento en pleno corazón de Barcelona, y que ha sido declarada como Patrimonio inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Pero más allá de cualquier categoría que pueda recibir esta celebración, lo que resulta maravilloso es la genuina emoción que se percibe en la realización de estos Castellers. Organizados en Collas, como se les llama a los grupos que arman estos castillos, la idea es construir una torre de gente; Una vez la torre está construida, el Enxaneta, un pequeño niño o niña, debe subir hasta la cima, alzar el brazo y descender. Después de que el Enxaneta haya vuelto a la tierra, la torre empieza a deconstruirse armónicamente y sólo si esto ocurre se puede decir que fue construido. Los castillos pueden tener entre 6 y 10 pisos, y varían de categorías según su estructura, pero sólo después de realizado el tercer piso, el castillo puede considerarse como un “intento”.
La base para construir la torre es la Pinya, en donde se congregan alrededor de los más grandes y fuertes, un gran círculo de personas que los ayudan a soportar el peso que se les vendrá encima, de hecho, en la lengua catalana el termino “Fer Pinya” significa trabajar en grupo, lo que también demuestra el gran sentido de cooperación y solidaridad que representan estas celebraciones. La música, llamada “Toc de Castells”, tocada en vivo con grallas y timbales, juega un papel fundamental en esta celebración, ya que más que acompañar la construcción de los castillos, está diseñada para que aquellos que permanecen en la base de la torre, y que como es obvio no pueden ver el proceso de construcción del castillo, puedan tener una idea del desarrollo de la construcción; así, tienen una melodía para cada etapa del castillo, para marcar cuándo éste se vuelve un “intento”, acompañar el recorrido del Enxaneta, avisar su llegada a la cima y el descenso.
A pesar de que hay algunas competencias entre collas para realizar los castillos, éstos realmente tienen sentido dentro de las fiestas tradicionales, conocidas como “Fiestas de Mayo”. Tras varios ensayos,
por fin se muestra frente a la población, el trabajo colectivo que han realizado, y ese maravilloso sentido de la comunidad que se percibe en la construcción de los castillos: la unión que hace la fuerza, una fuerza que dibuja una torre que va subiendo hasta al cielo, una torre de todos.
Definitivamente si te interesa adentrarte en la cultura de los lugares que visitas, presenciar una de estas celebraciones te hará conocer una cara completamente desconocida de Barcelona y Catalunya. Si no estás para las Fiestas de Mayo, también puedes consultar el calendario y presenciar la realización de estos castillos en los ensayos que se realizan durante el año. Pero no lo dudes, seguro te emocionarás e incluso te sentirás un poco catalán compartiendo la angustia inevitable al ver cómo sólo la fuerza y el compañerismo sirven como soporte para que un niño intente subir al cielo.
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